
No saben qué significa Israel ni dónde está, no tienen ni idea de qué es una sinagoga, no han visto en su vida a un judío, desconocen que en la Península Ibérica la presencia hebrea se remonta a dos mil años, pero a los niños del colegio público “El Castell” de Almoines (La Safor) han empezado a lavarles el cerebro, y con todo un clásico: ya se les ha hecho saber, a ciencia cierta, que cuanto está relacionado con la gente de Israel es malo, asesino, bélico, conflictivo, mortal… Saltó la polémica a los medios nacionales, españoles y occidentales, duró dos días, y de nuevo el silencio. Nadie nos va a hacer señalar a esos niños de 8, 9 y 10 años; en su inocencia e indefensión han creído hacer algo bueno, a lo cual, además, les han instado desde la alta autoridad que supone un profesor. Atacarlos sería tan mezquino como despreciar a los menores prostituidos o violentados sexualmente; tal vez la coartada de sus agresores es que, como son pequeños, no llegan a distinguir las cosas, no comprenden qué se les está haciendo, y no se les causa ningún mal. Porque quien “explica” una situación tan compleja como la del conflicto entre Israel y los palestinos con los resultados a la vista, se está dedicando a agredir a los niños, a corromperlos.
Las cartas enviadas con el cuño del colegio (y subrayo) público “El Castell”, galardonado con la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña en 2005 por su compromiso con la identidad y la lengua catalanas, causan la misma repulsión que la pederastia, pues en el fondo se ha pervertido la inocencia de unos niños, se les ha manipulado con la única finalidad de sembrar antisemitismo, se ha jugado con ellos para la simple incitación al odio. Tras las cartas, algunos profesores y padres de alumnos (¿también directivos?) del mencionado colegio valenciano y, en cierto modo, Amnistía Internacional, como muy bien reconocieron todos ellos en el reportaje emitido por La Sexta el 4 de marzo de 2010 en su informativo nocturno.
El hecho ha recibido respuesta desde varias tribunas, pero no desde las suficientes. Quizá está calando poco a poco esa mentalidad tan peligrosa de que… “bueno, es normal, ¿qué se esperaban?” Y quienes nos comprometemos con la justicia y no con adoctrinar parece que una y otra vez hemos de repetir los mismos argumentos, y en especial una ecuación bien concreta y real: todo antisionismo es antisemitismo disfrazado, e incomprensible desde la perspectiva que sea. ¿Alguien se imagina unas cartas “infantiles” teniendo como blanco a los gitanos o a los musulmanes? ¿A qué linchamiento mediático –y con toda la razón– estaría siendo sometido el colegio, la Conselleria de turno y la Generalitat? Con Israel, da igual.
Pasada una década del siglo XXI, a los niños de nuestra tierra se les sigue contando lo malos que son los judíos. Resultaría patético si no fuese aterrador.
Diario critico de la Comunidad de Valencia
Valencia, Miércoles 10 de marzo de 2010